Shibari o el Bondage Japonés.

A menudo, cuando pensamos en cuerdas y erotismo, solemos pensar en  el bondage o el arte de inmovilizar a una persona, con el objetivo de someterla para ofrecerle dolor o placer, generalmente con un objetivo sexual.

Podríamos decir, por ello, que el bondage es un medio para lograr un fin último basado en el placer de los nudos y la cuerda clavándose en la carne.

 

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Sometida mi carne y mi voluntad al deseo de mi amo.

 

En el caso del shibari,  o el bondage japonés, es a la vez camino y destino. En este caso más allá de la posesión, se busca que la persona atada sienta la sensación de las cuerdas en su piel, el roce molesto o vibrante en los puntos de presión clave, dejar que le suspendan en el aire, como la imagen de una mariposa que, rota, abandona su cuerpo a un infinito imposible. El fin último del shibari es, en definitiva, sentirse a la merced total de alguien, de un maestro que sabe el cómo y el donde de este arte.

 

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Bondage Japonés.

 

El shibari o “el arte japonés de la atadura erótica” es en sí mismo el arte de lo imposible, de hacer sentir y volar a la persona sometida, más allá de las cuerdas que cruzan, traban y someten un cuerpo, una mente y una voluntad, el shibari es el arte de lo imposible, de proyectar nuestras fantasías y, a través de las ligaduras y los nudos sentir la libertad del uno bajo las cuerdas del otro.

 

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Sesión de Shibari
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